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AL CIELO

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Xalapa - Enríquez, México

El ‘Chango’ que vino con la estrella entre las manos.

July 5, 2015

 

Pocas cosas buenas, y digo, en realidad buenas, tiene el mes de diciembre. Para muchos de nosotros, los que amamos el aroma del buen café y el ensimismamiento al que nos induce el frío, sólo la neblina de los lomeríos propios del estado de Veracruz nos cabe. Estos lomeríos lo saben desde tiempo atrás, y por eso a veces dejan que una o dos estrellas caigan del firmamento en pleno diciembre y se instalen en las entrañas de las cañadas siempre verdes, siempre húmedas en donde todo lo bueno florece. Allá, en el inmemorial y poco conocido 18 de diciembre de 1890, no cayó una estrella enviada por el Olimpo mismo, no, a manera cosmogónica bajó de la copa de los árboles un Chango que traía una torta bajo el brazo —mejor, una estrella entre las manos. Me refiero sin duda a Ernesto García Cabral, el Chango, el maestro de la línea nacido huatusqueño y posterior hijo preclaro de la ciudad de Xalapa.

La historia pocos la saben pero está plagada de decisiones que se tomaron en la premura del volado, por un lado la cara y por el otro la cruz. De ahí, los caminos se bifurcan, como el jardín aquél desde que Ernesto cumple los 17 y recibe una pensión de 25 pesos por el gobierno de Don Teodoro A. Dehesa para que se fuera a México a estudiar a la Academia de San Carlos; no está usted para saberlo ni yo para contarlo pero resulta que la estrella que Ernesto ‘El Chango’ se traía entre manos era el don incomparable del dibujo.

Las líneas le valieron los primeros elogios y las primeras propuestas de trabajo en revistas como «Tarántula», «Frivolidades» y «Multicolor», siendo ésta última en donde por encargo de Don Mario Vitoria (director de la revista) realiza duras caricaturas críticas a la persona del entonces candidato a la presidencia Francisco I. Madero.

Madero llegó a la presidencia con una política diferente, no se crucificaría a nadie por utilizar a la prensa como medio de expresión, de modo que mandó a llamar al joven ‘Chango’ Cabral a sus veintiún añitos y le dijo ¿Qué pasó muchacho? ¿Qué traes conmigo? —o algo parecidón—, a lo que Ernesto contestó sapiente de su delicada situación: «no ps yo nomás hago los dibujitos señor, a mí nomás me los mandan a hacer» y pues ni modo de mandarlo fusilar. ¿La solución? Madero, en un acto magnánimo de ejercicio del poder le otorga una ‘beca’ (unos pesos en la mano y un pasaporte) y le dice, nos vemos, mano. Vete a seguir con tus estudios a la ciudad luz.

París, Francia recibe a un joven veracruzano con todos los salones de baile abiertos y un barrio latino en donde también vivían Diego Rivera, Amado Nervo y el Doctor Atl a quienes conocer y frecuenta durante sus años allá. García Cabral debía buscar la plástica a donde fuera pero sus ojos agudizados y su experiencia en México le indicaban que difícilmente estaría en la academia de modo que frecuenta los lugares concurridos, los cafés, las bulliciosas calles, la bohemia en donde se encontraba su real objeto de estudio: la gente, sus formas, sus rostros.

«Si Cabral, hubiera tenido menos éxitos femeninos en París, probablemente hubiera trabajado más en los problemas técnicos de la pintura; su alegre facilidad por los placeres lo empujó a la obra rápida que puede hacerse en unos cuantos minutos de juerga alegre» escribe Rivera en el 43.

Los años siguientes no fueron buenos pues la guerra en Europa y el ascenso de Huerta a la presidencia en México le cortaron a Ernesto García Cabral, su ‘beca’ maderista. Llegó la premura del hambre y las metodologías de subsistencia que se extendieron hasta que el gobierno de Carranza se instauró triunfal en la política mexicana y los diplomáticos aparecieron de nueva cuenta en Europa.

Don Isidro Fabela reconoce en Francia a un Ernesto adelgazado por las deudas y le saca de la crisis volviéndolo ‘agregado cultural’ de la delegación mexicana, Ernesto, como agradecimiento le obsequia su eximio cuadro ‘El sátiro viejo’ que arranca al diplomático mexicano las siguientes líneas: «En El Sátiro viejo estaba el alma de un maestro. Las líneas del dibujo no tienen vacilaciones, son el trazo de una inspiración profunda interpretada con exacta seguridad. La euritmia plástica de la mujer desnuda expresa la deleidosa fruición del esteta que ama las formas femeniles como la obra perfecta de Dios en la naturaleza humana.»

Madrid se llevaría al ‘Chango’ un breve tiempo y después viajaría a las copas de los árboles Argentinos para brindarle la oportunidad de volverse campeón de tango y ramificar también sus publicaciones en variadas revistas argentinas y chilenas. 1918 llegó y lo llevó de regreso a un México que parecía haber estabilizado sus ímpetus políticos y le presentó a Ernesto un panorama en el que pudo dibujar a diestra y siniestra: El Chango dejó de andarse por las ramas y ‘fusiló’ literalmente a quien se le pusiera enfrente.

Un acervo histórico de más de 30 mil dibujos impresos en revistas y publicaciones como «La Tarántula», «Frivolidades», «Multicolor», La «Vie Parisienne», «La Rire», «La Bayonette», «Caras y Caretas», «PBT», «La Nación», «La Prensa», «Hoy», «Jueves de Excélsior», «Revista de Revistas», «Ferronales», «Fufurufo», «Ícaro», «Sócrates», «Revista Popular», «Los Diez de Chile», los cuadernillos de Bayer, la publicidad de Martell y diversas propagandas publicitarias para el cine mexicano en donde Ernesto ‘El Chango’ dio vida caricaturizada a Tin-Tan, Cantinflas, Pedro Vargas, María Conesa entre otros, conforman el Universo García Cabral.

Publicaciones en México, Francia, Argentina y Chile dan cuenta de 6 décadas de labor incansable como amanuense de la vida cotidiana del mundo mismo. Ernesto fallece en agosto del 68 y deja vacante el puesto de mejor dibujante del país, auspiciado por los 4 grandes del muralismo mexicano, vuelve inasequible el título de ‘maestro de la línea’ y de haber sido «El hombre que más ha dibujado a México» en palabras de Juan José Arreola.

Quizá porque todos, alguna vez, sin querer y sin saber hemos visto algún dibujo suyo, ya sea caricatura política o de la farándula, ya sea cartel del cine mexicano o sus perfectas portadas para «Revista de revistas» que hacen gala de un finísimo estilo Art Decó-Nouveau, o algún trazo de sus murales en Toluca o Nueva York, fue que en pasado 2012 la UNESCO decidió nombrar a su archivo «Memoria del Mundo de México» y mientras nosotros seguimos esperando que durante diciembre en medio de la niebla baje la estrella luminosa, la estrella ha estado brillando ya desde 1890 en Huatusco, un municipio siempre verde de los lomeríos veracruzanos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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