#SeríaMaravillosoQue

June 25, 2015

 

 

Recuerdo que hace como tres años en los tiempos románticos del twitter,  donde se decía que si se tenían más de 500 seguidores podía uno considerarse #Twittstar, apareció  un día un trend topic que me llamó mucho la atención, #SeríaMaravillosoQue.

 

Como buen novato del twitter me puse exquisito y recuerdo haber escrito cosas como #SeríaMaravillosoQue Silvio Rodríguez sacara un nuevo disco, #SeríaMaravillosoQue Sergio Pitol escribiera otro relato de aventuras, #SeríaMaravillosoQue Alejandro Jodorowsky filmara una nueva película y verla en el cine.

 

Más-menos el destino le dio una oportunidad a esas plegarias twitteras y Jodorowsky ha filmado y estrenado su nueva película, la Danza de la Realidad. Lejos de todo lo que se ha hablado y al mismo tiempo de todo lo que se ha mitificado e idealizado la figura de este hombre, quiero hacer  hincapié a nivel artístico de la importancia de su regreso al cine.

 

Quisiera celebrar ese retorno proponiéndole a los lectores un pequeño ejercicio, y para eso entrego las siguientes líneas acerca de su ópera prima Fando y Lis. Un buen ejercicio sería ver la primera y la última película de un autor, sin duda esto nos puede revelar mucho del proceso interno e histórico de un creador, y de porqué no es un simple loco al que se le ha ocurrido escribir un libro, desnudarse o hacer una película.

 

 

1968 #Fando & Lis

 

Con una historia situada en la debacle universal, un novato, Alejandro Jodorowsky, nos recuerda en 1968 que el surrealismo es el último gran movimiento social y cultural que el mundo ha conocido hasta nuestros días.

Basada en la obra dramática de Fernando Arrabal y que durante un año había representado en los teatros de México, Jodorowsky utiliza los preceptos y técnicas básicas del movimiento surrealista para crear una obra cuya unidad artística es la libertad.

Es en el tiempo posterior a la destrucción del mundo donde una pareja de novios (Fando y Lis) buscan una ciudad llamada “Tar”, el lugar donde podrán encontrar la paz y la tranquilidad según el consejo que dio su padre a Fando antes de morir. Con el recuerdo del padre, se inicia un viaje plagado de pruebas y desencantados encuentros, metáfora utilizada recurrentemente en la obra del director para mostrar la búsqueda de la sabiduría por los hombres.

La construcción de las secuencias del viaje basada en una visión budista, busca la aniquilación del yo al afirmar que este es una ilusión; se busca negar el molde de personalidad que el mundo nos ha impuesto y que opaca al ser universal, el ser que es con todos y con todo el universo.

En este sentido es que se utiliza la técnica de la “escritura automática” que consiste en plasmar las ideas que lleguen automáticamente del pensamiento, dejando de lado cualquier tipo de juicios morales, cargas religiosas o ideologías sociales. Es así que en el viaje de la pareja podremos encontrar secuencias que involucren una cena de gala en medio de unos escombros, un piano ardiendo en llamas, parejas bailando en medio de las ruinas, las tumbas de un cementerio como lechos nupciales, etc., todo esto con el fin último de recuperar en la expresión artística la inocencia que la realidad, al convertir al hombre en su esclavo, le ha robado.

El tono de la obra es contrastado; los personajes recorren con ilusión un lastimoso viaje por parajes desérticos. Fando es tentado y cede a los placeres del mundo, pero cada vez regresa junto a Lis atormentado por sus demonios en un laberinto sin salida. Lis por su parte, canta canciones infantiles en los momentos más crueles y depresivos del viaje, renombrando la inocencia que ha perdido en la infancia. En este tenor se narra en blanco y negro la historia del acto surrealista más elevado, la historia de la libre elección de la necesidad.

 

Si bien es cierto que la propuesta visual del director está inspirada directamente en el teatro, la película conserva una estética propia fiel a su identidad basada en la libertad, lo que la aleja de la premisa de ser teatro filmado. La construcción de las secuencias, los movimientos de cámara improvisados, el montaje intercalado entre el viaje, secuencias oníricas e imágenes fuera de contexto parecen ser la extensión de la “escritura automática”, a lo que podríamos llamar una “filmación automática” donde el director mostró abiertamente una creatividad improvisada en prácticamente todos los procesos en la producción del film.

 

Fando y Lis se lastiman pero no pueden separarse, esta idea es el medio que Jodorowsky utiliza, con una eficiencia vista en pocos, para llevar el elemento básico y medicinal del teatro al cine, la catarsis.

 

Desde la primera escena y a lo largo de toda la película, el director nos provoca intensamente con imágenes crueles, alegres, eróticas y violentas. Estas, acompañadas de las herramientas surrealistas para la conformación de conclusiones por parte del espectador, dan frutos al combinarse en un poderoso final, el cual todos esperan pero nadie quiere llegar a él.

 

La catarsis del personaje es transmitida de igual manera al público justo como en el teatro, produciendo la liberación de ambos. Fando recorre un largo viaje preguntándose en todo momento si será el camino correcto, busca el lugar donde comprenderá la vida y no morirá solo, y es justo en su viacrucis donde comprende que la ciudad de “Tar” todo el tiempo ha estado a su lado. Es el final el momento donde toda la película cobra sentido y la preparación sensorial da los frutos esperados al poner de manifiesto un paradigma universal; destruimos lo que amamos.

 

 

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